Es
una mañana fría de junio, el viento se arremolina en el paradero de “Los
Quioscos”, las combis llegan una tras otra detrás de una gran cortina de polvo.
Escolares, universitarios, trabajadores se apretujan entre ellos y luchan por
un espacio dentro de las ya arrebatadas combis, espacio que les permitirá
viajar y llegar a su destino.
Todas
las mañanas son así, llenas de gente y de polvo que entre “Los Quioscos”,
buscan refugio a las ráfagas de viento con tierra que despeinan a las féminas,
que llenan de polvo los trajes.
“Los
Quioscos” son un paradero, un cruce ubicado en Enace, entre los sectores 7, 8 y
9. Son solo 2, pero las personas los conocen así, uno pensaría en una cantidad
mayor a 2, pero no, la verdad es que ese par de quioscos sirvieron de
referencia para el sin fin de familias, el sin fin de personas que llegaban a
las partes altas de Cayma, en busca de un espacio donde vivir. No se sabe
exactamente desde cuando estuvieron ahí, los ciudadanos que llegaron a ese
asentamiento humano, los vieron desde siempre.
Algunos
dicen que los regalo la Municipalidad de Cayma en un intento por fijar un
paradero, otros comentan que fueron los choferes de combis que el fijar ese
cruce como su paradero final, algunas personas pusieron los quioscos para
expedir alimentos, bebidas, golosinas y similares; nadie sabe cuál es la
verdadera historia, pero “Los Quioscos” estuvieron ahí entonces, desde siempre.
Ese
mismo cruce donde estaban como dos entes que observaban todo, como unos vigilantes
en medio de un par de pampas de donde el viento arrastraba la tierra y polvo
todas las mañanas, pampas que se comentaba servirían de espacios para un futuro
mercado y un colegio, que con el pasar de años, solo se tuvo un intento de mercado,
un prototipo, un esbozo que, para los ciudadanos de esa parte del mundo, les
generaba gracia, desaliento, pero un tanto de ánimo ya que quizás durante más
de 5 años, como un hábito, salían un par de comerciantes que luego serían tres,
cuatro, cinco, diez, doce y llenaban el espacio, la pampa se mojaba y se le
colocaban esteras que servían de divisiones para asi distinguir un puesto de
otro y el comercio se realizaba.
El
tiempo pasaba volando y de pronto, la primera década del siglo XXI pasó, los
vigilantes, los entes que miraban todo, seguían ahí, expectantes al cambio de
los días, al progreso de la sociedad al pasar evolutivo.
Largo
tiempo estuvieron en desuso, salvo la finalidad que le hallaban otros seres
como los perros que los usaban como meaderos, cobijos, etc.
Uno
de color verde y otro de color rojo, estuvieron bastante tiempo, muchos años, oxidándose,
cubriéndose de vejez hasta que un día, los limpiaron, los pintaron y los
llenaron de mercadería con personas que vendían snacks, alimentos, bebidas, el
comercio empezó a moverse y otra fue la cara del cruce de los quioscos, con
unas sombrillas de paja, empezaron a llegar personas a vender comida durante
las tardes y noches, ya no eran un par de quioscos, ahora eran cuatro.
De
pronto, de un día para el otro, el mercado empezó su verdadera construcción en
setiembre del 2017, llegaron grúas, obreros y todo empezó a cambiar, Los
Quioscos eran testigos de un verdadero cambio y siguieron ahí, expectantes de
todo.
Pasó
no más de un año y en mayo de 2018, llegaron más obreros, ahora no para construir
una obra privada, ahora harían el comentado colegio que ya nadie esperaba ver
construido.
Han
pasado ya cinco meses desde iniciada la construcción del colegio y lo que Los
Quiosquitos no esperaban, era que en el plano de construcción, no solo estaba
el colegio si no también un paradero con una alameda, teniendo que borrar de
mapa la existencia de los que fueron en ese entonces cuatro quiosquitos.
A
día de hoy, ya no hay más quioscos, hay un mercado y un colegio recién construidos,
lo curioso, es que siempre que las personas piden referencias, algunos
ciudadanos del lugar, siguen brindando a “Los Quioscos”, cuando estos, ya no
existen más.

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