1ra Capa – 5mil caracteres
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LEAD:
Los sueños pueden ser un arma de doble filo, ya
que pueden generar una fuerza de creación hermosa, como también, una fuerza de
(auto) destrucción terrible.
Es el noveno día del segundo mes del año 1987 y
en el distrito de Morropón en la región de Piura, la familia Martínez Alvarado
tiene su segundo hijo, José Carlos, cuyos primeros respiros de vida, se han
dado en una cálida mañana.
La vida infantil se desarrolla sin presentar
problemas algunos, su familia, tiene una fuerte influencia musical por parte de
sus dos abuelos, Pedro y Fidel, pasando los días del pequeño pueblo morropones
en una tranquilidad ambientada por la música de Pedro, un acordeonista
reconocido en el pueblo, infaltable en toda reunión, siendo toda esta
tranquilidad bañada por los pasos de los artistas que llegaban poco a poco,
como Susana Baca que llegó un día del año 94, artista traída por su segundo
abuelo, Fidel, fundador de “La Casa de la Cultura de Morropón”; pasando así, la
vida de José Carlos, envuelta en un ámbito musical que lo marcaría.
Por situaciones duras y ajenas al pequeño José
Carlos, sus padres se mudan a Lima, quedándose algún tiempo con sus abuelos,
acrecentándose la influencia musical, bañada por la cultura que se desarrollaba
en torno a él, tiempo durante el cual aprendió a tocar la guitarra. A los 10
años ya se encontraba en Lima, se mudó con sus padres al distrito de Breña,
donde tomó clases musicales en el “Museo de Arte del Niño”, siendo una mala
experiencia para él, aprendiendo más, de los libros.
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Acción Creciente:
En el año 2004, acabando el colegio, es que José
decide estudiar música en el Conservatorio Nacional y ser rockero o lo que se
diera. Ya por esos años tenía un dominio de varios instrumentos: el piano, la
guitarra, la batería y el acordeón. Es el año 2008 y la dureza de la vida,
estancan sus sueños, sus padres deciden tener dos hijos más, cortándole todo
tipo de apoyo.
Empieza entonces una etapa dura de su vida, en la
que no contaba con el apoyo de nadie, retirándose del conservatorio y llegando
a tocar música en el transporte público para poder solventarse un plato de
comida, con algunos ahorros en los bolsillos, se renta un cuarto y empieza a
buscar trabajo de lo que sea, empezó de ayudante en un almacén de
supermercados, ahí empieza a conocer un rostro del Perú (y del mundo), que solo
leía en los libros. La discriminación. Se sintió muy afectado por todo eso, ya
que en algunos trabajos lo botaban solo por ser piurano, en otros por ser
“negro”, así anduvo algún tiempo pasando penurias en una vida solitaria en la
gran Lima.
Su pasión por el arte y la soledad en la que se
encontraba, lo llevaron a conocer el cine y se dio cuenta de algo maravilloso.
Un caluroso día del año 2006, en la Costa Verde, fue a un Festival de Arte,
donde vio como la música y el cine, servían de herramientas para generar
interculturalidad, en ese evento artístico, pudo conocer personas de diferentes
ciudades del Perú y del mundo, que buscaban erradicar la discriminación, esa
que lo rechazaba a José por ser provinciano o por ser “negro”.
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Clímax:
José vio entonces a la música y al cine como una
herramienta de desarrollo, lo que en algún momento creyó no le serviría de
nada, como era tocar instrumentos, resultó ser un conocimiento útil para
erradicar las diferencias y poder ayudar a todas las personas a poder cumplir
sus sueños, unos sueños comunitarios. La tarea recién empezaba y la lucha por
su sueño, sería ardua y gigantesca, solo faltaba darle forma para poder empezar
a trabajar ya, cuando el concepto de “Gestor Cultural” llegó a él, entonces
pudo visualizar de mejor manera el camino que tendría que recorrer y de las
herramientas que tendría que contar.
Los años pasaban, José se desempeñaba de muchas
funciones, teniendo variedad de trabajos, ya por el año 2014, decide regresar a
su natal Piura e intentar estudiar la carrera de Administración en una
universidad, retirándose al primer año, por motivos laborales, ya que recibe
una oferta de trabajo de una aseguradora, para ser jefe de la región sur del
Perú, puesto de trabajo que requería vivir en Arequipa. Durante esos días, José
anduvo por todo Piura en busca de oportunidades, para ser Gestor Cultural,
dándose con la sorpresa de que las oportunidades y conocimiento eran pocas, ya
que las propuestas culturales en el norte peruano, son escasos o nulos. No hay
un real incentivo ni un consumo cultural masivo. Decide viajar y aceptar la
oferta de trabajo, conocer Arequipa y la región sur del país sería de gran
ayuda para conocer y aprender más, así poder regresar a Piura y cambiar la historia.
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Acción Decreciente:
Llegado a la Ciudad Blanca, empieza a buscar
grupos culturales, llegando al voluntariado “CineCinco”, donde empieza por fin,
a cumplir sus sueños de ser un gestor cultural, realizando proyecciones
audiovisuales por toda la ciudad de Arequipa, revalorando los espacios
culturales, brindando charlas y ponencias sobre el impacto del cine y la música
en el consciente colectivo de una sociedad.
“Lo interesante de esta ciudad, es que, además de
ser hermosa arquitectónicamente, el consumo de cultura, si bien no es masivo,
es a tenerse en cuenta. Creo que eso la hace diferente”, piensa José Carlos,
mientras caminar por el centro histórico de la ciudad del sillar, durante una
fría noche de noviembre del 2018.
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Desenlace: Que se ha aprendido de eso
Es una mañana bañada de bastante sol, José está
compartiendo un jugo de frutas con algunos compañeros de su organización, están
en el mercado San Camilo.
“La cultura es producto de la vida que
desempeñamos como sociedad, no como individuos y en esos puntos nos encontramos
y eso nos genera identidad se pervierte cuando se habla de nacionalismos. El
chauvinismo es una perversión de la cultura.”
Terminan los jugos y tienen que ir a una reunión
en la Municipalidad de Arequipa a firmar unos acuerdos, durante el transcurso,
se ve una gran diferencia entre el centro histórico de Arequipa, con el entorno
comercial del mercado.
“La cultura es algo que nos une, que jamás nos va
a discriminar, al contrario, cuando eres consciente, reconoces la importancia
de tus antepasados, permitiéndote crecer y desarrollarte.”
Los miembros hablan de esas diferencias
culturales palpables en esta realidad contemporánea arequipeña, todos creen que
las proyecciones ayudarán a generar un cambio en esta ciudad, en todo el país.
“Si nosotros tuviéramos más charlas en las que se
hablen sobre la cultura y se brinden ideas con argumentos, por ejemplo si se
supiera que la música que escucha viene de otras culturas que no son
necesariamente de aquí, sin ser alienados, se les daría el valor correcto, el
valor que se merece, porque alejarte de tu cultura porque representa algo
distinto a lo que es el mainstream (a la moda), es estancarse, eso te hace
daño, conscientes o no pero uno se hace daño.”
Unos venezolanos se les cruzan en el camino,
tienen caramelos en sus brazos, algunos bebes en sus brazos. Todos tienen
gorros con las banderas de su país.
“Todo esto se pervierte cuando hablamos de
nacionalismos, cuando exacerbamos lo local, cuando decimos por ejemplo que se
tiene que escuchar primero lo peruano, esto sin menospreciar porque claro, lo
peruano tiene un valor muy importante no olvidándonos que hablar de lo peruano
es también hablar de varias pequeñas culturas.
La grandeza de nuestro país se va a dar cuando
aprendamos esto.”
Entran en reunión, al finalizar después de casi
dos horas de charlas, todos están felices. Se aceptó una propuesta de cultura
durante los meses de enero, febrero y marzo. Lo que duren las vacaciones.
► 2da Capa – Uno para todos, todos para el mundo.
Grettel Montesinos estuvo en CineCinco desde sus
inicios, si bien no se considera una fundadora, lo es para los miembros
fundadores. Desde los inicios que eran un cine club en la Facultad de Derecho,
por las necesidades y visiones de los integrantes, es que se convirtieron en
una organización de voluntariado. Para ella, la llegada de José Carlos a
CineCinco, ha sido de gran aporte, ya que sus ganas de trabajar han motivado a
varios integrantes, ayudándolos a lograr los objetivos y metas planteados por
el grupo.
Esta labor es como un trabajo de hormiga, que
poco a poco podrá brindar un gran cambio a Arequipa, ayudándola a crecer,
generando desarrollo con Cultura.
Grettel es diseñadora, ella desempeña la función
creativa del voluntariado, empapándose con la suficiente información para
generar el material gráfico que ayudara a la correcta difusión de los eventos y
proyecciones que se realizan en CineCinco, siendo José Carlos, el distribuidor
de esos diseños, que suelen terminar en postes, paredes del centro histórico,
puertas de instituciones educativas, públicas, establecimientos de comida o
anuncios de publicidad.
Jordan Jauregui es uno de los fundadores de
CineCinco, él sabe la difícil tarea que es generar cultura en una ciudad que es
conservadora, que cubre murales artísticos con propaganda política, pero en
esta tarea, José Carlos ha brindado un empuje en momentos sombríos, como cuando
en la proyección de la película peruana “Sin vagina me marginan”, apoyo con el
debido manejo de la presión social, generado por grupos conservadores que
creían indebida, la proyección de una película con temática homosexual, en
espacios públicos del estado.
José Carlos, supo lidiar con las representantes
de los grupos homofobos que luchaban por que la proyección no se llevara a
cabo, y si bien, las quejas llegaron hasta el ex Alcalde, Alfredo Zegarra, la
proyección se logró dar, en la sala de proyecciones de la biblioteca municipal
Ateneo, con una asistencia que contrastaba con el rechazo mostrado en redes
sociales.
Los integrantes de diferentes colectivos y
agrupaciones culturales en Arequipa, aprecian la función y el desempeño que
cumple José Carlos, en la difusión de diferentes eventos culturales, no solo de
las proyecciones audiovisuales, sino también en la difusión y gestión de varios
eventos.
Desde su llegada a la Ciudad Blanca, ha estado
presente en la gestión y ejecución de propuestas teatrales, como “Chicos mal”,
“Maracas”, “El che y los Rolling Stones” y la última propuesta teatral, en la
que apoyo con la dirección de la puesta en escena, “Lucrecia”, que narra los
días de una trabajadora de hogar, en una zona residencial de Arequipa, mujer
que sufre de abusos laborales como sexuales por parte del esposo de la señora
que la contrato, siendo esta puesta de teatro, un reclamo y denuncia hacia la
ciudadanía, por parte de las mujeres que vienen de provincias aledañas y sufren
de violencia.
“Tenemos que hacer visibles estos actos y
denunciarlos mediante propuestas artísticas.”
Opina José, en el backstage del Teatro Umbral,
centro cultural donde se llevaron a cabo las propuestas culturales.
Sergio Vargas Rodríguez, lo está esperando en el
bar cultural Gebrau en el centro de la ciudad, hay una tocada de bandas de
cumbia fusión, José toca el bajo en una de ellas, “no te diré el nombre porque
eso es cherry y hay que ser justos”, comenta antes de subir al escenario y
brindar un concierto, en los que fusiona instrumentos andinos con tropicales.
“Si nosotros tuviéramos más charlas en las que se
hablen sobre la cultura y se brinden ideas con argumentos, por ejemplo si se
supiera que la música que escucha viene de otras culturas que no son
necesariamente de aquí, sin ser alienados, se les daría el valor correcto, el
valor que se merece, porque alejarte de tu cultura porque representa algo
distinto a lo que es el mainstream (a la moda), es estancarse, eso te hace
daño, conscientes o no pero uno se hace daño.”
Unos venezolanos se les cruzan en el camino,
tienen caramelos en sus brazos, algunos bebes en sus brazos. Todos tienen
gorros con las banderas de su país.
“Todo esto se pervierte cuando hablamos de
nacionalismos, cuando exacerbamos lo local, cuando decimos por ejemplo que se
tiene que escuchar primero lo peruano, esto sin menospreciar porque claro, lo
peruano tiene un valor muy importante no olvidándonos que hablar de lo peruano
es también hablar de varias pequeñas culturas.
La grandeza de nuestro país se va a dar cuando
aprendamos esto.”
Entran en reunión, al finalizar después de casi
dos horas de charlas, todos están felices. Se aceptó una propuesta de cultura
durante los meses de enero, febrero y marzo. Lo que duren las vacaciones.
Para Sergio, la llegada de José Carlos fue de
gran ayuda, aportando a la banda una visión diferente e innovadora, de lo que
se pensaba eran ritmos tropicales del norte peruano, ayudando al acordenista
del grupo a encontrar un estilo único y diferente.
En su trabajo José pasa desapercibido, sus
compañeros de trabajo no le prestan atención, solo saben que es “el piurano que
se está haciendo cargo de la región sur”.
Y si bien, por ahora solo se está enfocando en la
Ciudad Blanca, su objetivo por ahora es abarcar todo el sur peruano,
aprovechando que su trabajo lo tendrá por un buen tiempo aquí.
“Arequipa me está enamorando, tiene mucho para
ser explotada, así que buscare una excusa para quedarme a vivir aquí.”
► 3ra Capa – Ajenos en la distancia y cercanía
Los días para José Carlos, desde que él recuerda
siempre fueron duros y oscuros, es más, carece de recuerdos de su niñez.
“Creo que ha de ser algo patológico no poder tener
recuerdos, solo tengo los que me dicen y ahí, haciendo un gran esfuerzo, tengo
pequeños flashbacks que me recuerdan algunas escenas que por siempre tuve
olvidadas.”
Sus padres lo dejaron al cuidado de sus abuelos,
cuando era niño, ya que por problemas económicos, tuvieron que mudarse a Lima,
quedándose José Carlos solo en Morropón, soledad que lo volvería a marcar a su
llegada a la capital.
No hay primos, tíos que puedan hablar de él,
opinar algo sobre él, no hay nada, no hay nadie, sus padres están lejísimos y
en estos días, enfocados en sus dos hermanas de 17 años de diferencia.
Consultarles a ellas por José, brinda una
respuesta hueca, irónica, fría, distante.
“Si creo que tengo un hermano mayor que fue
músico.” Se escucha por el celular y ante tales respuestas, se corta la posible
entrevista.
Ver a José Carlos caminar, es siempre verlo solo,
a pesar de ser un ser muy sociable cuando de gestionar eventos se trata.
“Siempre he sido solitario, he sido marcado por esa situación de la vida pero
no le hallo algo malo, es más, me ha generado fortaleza y ahora soy diferente.”
Durante los años 2013 y 2014, compartió su vida
con una mujer de la que no quiere mencionarla, “es mejor no recordarla”,
menciona.
Estamos en el 2018 y a sus más de treinta años,
sabe que en algún momento ha de compartir sus días con una pareja que llegará,
“no sé si cambien mis días, la verdad que no espero nada de la vida, más de
algo que pueda brindarme yo”, sonríe José Carlos.
Es el 25 de noviembre del 2018 y se va caminando
solo, hacia una reunión con CineCinco, tienen que empezar a organizarce para
los eventos que se les vienen durante los tres primeros meses del siguiente
año.
En la realización de esta crónica reportaje, el
compartir algunos días de las labores que cumple José Carlos como gestor
cultural en Arequipa, me ha demostrado que aún como nación, nos falta demasiado
y si bien, el ámbito artístico se ve un tanto descuidado por el gobierno y la
población peruana, quizás esté en este, la solución a los problemas que
tenemos.





